En un taller pequeño, el teléfono suena justo cuando tienes las manos llenas de grasa. Clientes que quieren cita, que preguntan cuánto cuesta un cambio de aceite o si su coche ya está listo. Buena parte de esas llamadas y mensajes se repiten y se pueden automatizar en un taller mecánico sin perder el trato cercano con el cliente de siempre.
El planteamiento es sencillo: el asistente se ocupa de lo rutinario (horarios, precios orientativos de tu lista, citas, avisos) y todo lo que tiene que ver con el diagnóstico del coche, los presupuestos de reparación y las decisiones lo sigue viendo una persona del taller.