En hostelería, los mensajes llegan justo cuando no puedes contestarlos: en mitad del servicio de comidas, un sábado por la noche o cuando estás en la cocina. «¿Tenéis mesa para seis?», «¿qué lleva el menú del día?», «¿a qué hora es el check-in?». Si nadie responde, el cliente reserva en otro sitio. Con IA para hostelería bien planteada, lo rutinario se contesta al momento y tú sigues con lo tuyo.
La regla es sencilla: el asistente responde con la información que tú le das y nada más. En temas delicados, como los alérgenos, no improvisa: da la información que el restaurante ha verificado y, ante cualquier duda, pasa la conversación a una persona.